• Diario Digital | Jueves, 13 de Diciembre de 2018
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EL TIPO DE CORROSIÓN SUFRIDA RESULTA COMPATIBLE CON LA HIPÓTESIS DE QUE EL POBLADO FUE DEVASTADO

Confirman que el poblado íbero del Cerro de la Cruz fue arrasado por los romanos

Un grupo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) ha empleado distintas técnicas de análisis químicos para determinar el estado de corrosión de un caldero de bronce

Confirman que el poblado íbero del Cerro de la Cruz fue arrasado por los romanos

Un grupo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) ha empleado por primera vez distintas técnicas de análisis químicos para determinar el estado de corrosión de un caldero de bronce del poblado ibero del Cerro de la Cruz, concluyendo que el tipo de corrosión sufrida resulta compatible con la hipótesis arqueológica de que el asentamiento fue devastado por los romanos en las guerras lusitanas del siglo II a.C.

Se han empleado diferentes técnicas instrumentales, basadas en la absorción o emisión de radiación electromagnética por un cuerpo, para caracterizar el estado de corrosión en el que se encuentran los fragmentos de este caldero de bronce.

El bronce es una aleación metálica formada por cobre y estaño usada desde la antigüedad que “agresivos”, como tumbas o enterramientos, sufre una corrosión característica que se puede analizar mediante estas técnicas experimentales.

“El objetivo de determinar el estado de corrosión de un objeto de bronce es importante con vistas a su restauración. Hay que ver si sufre la denominada ‘enfermedad del bronce’, porque en determinados casos puede que, aún eliminando las primeras capas de corrosión, esta aparezca de nuevo al exponer la superficie no corroída a la atmósfera”, ha explicado José Rafael Ruiz, director del Departamento de Química Orgánica de la UCO y uno de los autores del trabajo, publicado en la revista ‘Spectrochimica Acta Part A: Molecular and Biomolecular Spectroscopy’.

En el estudio ‘Spectroscopic analysis of corrosion products in a bronze cauldron from the Late Iberian Iron Age’, se han utilizado cuatro técnicas en las que se exponen los fragmentos a determinadas longitudes de onda del espectro electromagnético como la difracción de rayos X, que ofrece información sobre las fases cristalinas de los compuestos que se han formado con la corrosión, y microscopía electrónica de barrido con energía dispersiva de rayos X, que muestra la composición elemental superficial de los fragmentos estudiados.

“El uso conjunto de las técnicas empleadas nos permite, por un lado, caracterizar los compuestos de corrosión que se han formado a nivel superficial, así como determinar la profundidad de la corrosión en el material. En el caldero estudiado esta corrosión es total, no queda rastro de la aleación original”, ha afirmado el catedrático de la UCO.

El objeto fue encontrado junto a otros (ánforas, vasijas de cerámica y copas, entre otras) en uno de los edificios situados en la calle principal del poblado utilizado probablemente para almacenar grano. Muestra signos de reparaciones y se utilizaba para cocinar. El asentamiento, originario del siglo III a.C., era de tamaño medio y los edificios estaban hechos de piedras y adobe, con dos plantas y una terraza.

Distinta corrosión en el caldero

El resultado “más interesante” de este exhaustivo análisis fue comprobar que la corrosión se produjo de forma distinta por cada una de las dos caras del caldero. Por un lado, una corrosión confirma que una de sus caras se encontraba en contacto con el suelo. Por otro, la presencia de malaquita muestra una corrosión diferente debido a que fue sepultado por las paredes que formaban la estancia en la que se encontraba, construidas a base de cal y adobe.

“En resumen, el caldero se encontraba sobre el suelo cuando se produjo el derrumbe de la estancia como consecuencia del ataque que destruyó el poblado”, ha concluido el investigador.

La información extraída del estudio de la corrosión confirma los datos arqueológicos recabados hasta la fecha, según los cuales el poblado fue arrasado por tropas romanas al mando del general Serviliano durante las guerras lusitanas del siglo II a.C., en las que los pueblos del oeste de la península Ibérica se enfrentaron a la República romana.

En el yacimiento arqueológico del Cerro de la Cruz se hallaron restos humanos mutilados e indicios de intensos fuegos que destruyeron los edificios. Diversos elementos del yacimiento como monedas y cerámicas permiten situar la fecha de la destrucción del poblado en el año 141 a.C., fecha en la que el cónsul Serviliano reanudó su campaña contra Viriato en la zona. El carbono 14 ha confirmado esta fecha.

“Este es un claro ejemplo de cómo las ciencias experimentales pueden soportar conclusiones arqueológicas”, ha subrayado José Rafael Ruiz. Es la primera vez que el grupo de investigación de la UCO emplea estas técnicas en objetos procedentes de este yacimiento situado en la localidad de Almedinilla, declarado Bien de Interés Cultural.

Ahora pretenden aplicar esta metodología a objetos de otros yacimientos, como monedas antiguas, pinturas murales romanas y árabes, morteros, etcétera, pues a partir de su composición química se puede extraer mucha información. Si se aplica a la pintura mural, se puede saber qué técnica emplearon los artistas, se puede relacionar con el comercio de la época histórica o certificar la autenticidad de una pieza arqueológica, por ejemplo.