El Estado imposibilitó la venta de los inmuebles por un periodo de tiempo determinado

Historias de la Subbética: el origen de Carcabuey

Alfonso XI dispuso un reparto de tierras entre cinco caballeros en la villa de Carcabuey, a cada uno de los cuales le correspondió un lote, que por el rango del beneficiario, recibiría el nombre de caballería

Cuando se produce la conquista o toma de una villa, no basta con la simple victoria militar o la expulsión del enemigo. Es necesario organizar una serie de repoblaciones, con el objetivo de perpetuar la suficiencia del núcleo tomado, es decir atraer una masa ingente de personas con la finalidad de asentarla y así efectuar un repartimiento de la tierra disponible procedente de su abandono o decomiso, siempre pensando en su posterior mantenimiento. 

Durante la segunda parte del siglo XIII , tras la toma de la Ciudad de Córdoba en el 1236 y la anexión de la Campiña y las tierras Subbeticas a partir del 1241 por parte de los cristianos, los ciudadanos septentrionales de la península, fueron seducidos por emisarios Reales y señoriales, con la idea de la emigración al rico valle del Guadaquivir. La frontera con el moro se había situado en la Subbetica, muchas tierras habían quedado despobladas a consecuencia de la huida de sus titulares árabes hacia el Reino Nazarita de Granada por la amenaza católica.

Los ensayos de repoblación llevados a cabo en la capital del reino Cordobés habían tenido relativo éxito, como anteriormente los tuvieron en prácticamente todas las comarcas tomadas por la cristiandad.

Las tierras Subbéticas estaban hambrientas de gente 

La ruptura con el pasado era el precio a pagar si se pretendía marchar a esa nueva tierra, a esa novísima Castilla, y eso no gustaba, pero por otra parte era la única posibilidad de finalizar con esa etapa de la vida llena de miseria y desdén, rebosante de sometimiento al titular de las tierras, que explotaba al jornalero hasta dejarlo exhausto. En definitiva, la única opción para adquirir lotes de tierra propia, absolutamente personal y transferible a su descendencia.

El gobierno conocía ese sentir del jornalero septentrional, al tiempo que tenía la necesidad de repoblar estas nuevas urbes si quería mantenerlas. Se promulgaron decretos muy interesantes, que predicaban exenciones de impuestos y otros privilegios, con la finalidad de garantizar la atracción al nuevo territorio conquistado.

Pero antes de esta segunda repoblación, destinada a la plebe, el Estado realizo otra, muy particular, dirigida a aquellos que habían participado en la conquista de estos nuevos territorios, contribuyendo con su esfuerzo y sobre todo con dinero a aumentar la frontera del reino Castellano. Para estos fueron las mejores tierras, designadas con el nombre de Donadios, la familia del Rey, ordenes religiosas, oficiales de la casa del Rey, ballesteros, camareros, halconeros, personal del séquito de la Reina, oficiales de la administración, alcasides, escribanos, oficiales militares (Adalides y Almogavares) las acapararon, y el resto de las tierras, denominadas heredamientos, fueron otorgadas al consejo para atender a los caballeros y peones.



Alfonso XI dispuso un reparto de tierras entre cinco caballeros en la villa de Carcabuey, a cada uno de los cuales le correspondió un lote, que por el rango del beneficiario, recibiría el nombre de caballería (cuatro yugadas de tierra unas veces, otras sesenta fanegas). 

Pero no fueron estos los únicos repobladores, porque tras ese primer repartimiento, se procedió a captar otras gentes en su mayor parte sencillas, que quisieran abandonar su lugar de procedencia, para asentarse en la villa Alcobitense recién conquistada. Se les entrego lotes de tierra sobrante, de una extensión mediana e inmuebles para albergar a sus familias. 

El estado para asegurar que lo otorgado al repoblador no iba a ser vendido, imposibilitó la venta de los inmuebles por un período de tiempo determinado, para impedir (como había ocurrido en Córdoba) el regreso de los colonos a sus hogares de origen, previa venta de lo adquirido. Además trato de potenciar, aunque a veces sin demasiado éxito que los lotes entregados estuvieran separados unos de otros, para que resultase del todo impracticable aumentar las tierras propias con otras colindantes, ( generalmente se puso a disposición del colono no mas de seis yugadas, las cuales irían aumentando según la categoría social del individuo).

"Mando a todas partes, enviando prometer grandes libertades a cuantos viniesen a pobla, et vinieren mucha gente de todas partes y mandamos partir la villa en heredamientos a todos muy comunalmente e desi aforarlos et cumpliole cuanto prometio ."

No todos los participantes en esta nueva estructuración de las parcelas fueron cristianos, no podemos olvidar a la población Morisca, recordar que la mayoría de las fortificaciones de la campiña y la Subbética se entregaron por pactos, los cuales contenían en su redacción, el respeto a la población musulmana que decidiera quedarse. 

Estos permanecen en un principio en Carcabuey siendo el asentamiento de cristianos pequeño, pero este hecho cambio después de la rebelión de los Mudejares en 1264, en la que varias poblaciones de Andalucía (y entre ellas algunas de la campiña y la Subbética) movidas por la conspiración dirigida desde Granada, se levantaron contra el Rey de Castilla.

El rey Alfonso X acudió con sus tropas y una vez sometida la rebelión de los mudejares y rotas por tanto las capitulaciones (de Fernando III y Alfonso X), la mayoría morisca emigra al reino Musulmán vecino.

Muchos pobladores de la región que eran Mozarabes (cristianos en tierra de árabes) también regresaron a sus tierras de Castilla, vendiendo cuanto tenían. El Rey Castellano se decidió a repoblar la campiña y la Subbética con cristianos viejos, repartiendo las tierras de los moros que se vieron obligados a marchar. Esto indica que todavía en 1294 quedaban musulmanes en esta tierra limítrofe, aunque con pocas propiedades, pero muy importantes para el cultivo de las tierras que por aquella época debían abarcar casi exclusivamente el ruedo de la villa.

Es un hecho comprobado que no todos los que acudieron a los territorios conquistados a mediados del S XIII y se beneficiaron de los repartos, permanecieron en Andalucía. Algunos porque nunca tuvieron intención de hacerlo, caso de determinadas familias, instituciones, servidores del Rey, así como aquellos particulares recompensados con Donadios, a los que no se les exigió nunca la vecindad; otros porque la alegría y el entusiasmo de la primera hora no se prolongo en un territorio lleno de promesas pero falto de realidades, donde la frontera cercana y el desorden económico de las primeras décadas, no fomentaba precisamente el deseo de permanecer. El resultado fue que en gran parte, los repartimientos se convirtieron en pocos años en letra muerta.

El fenómeno de abandono por parte de los primeros beneficiarios se va a traducir en una operación de trueque o venta, o bien simplemente en el mejor de los casos, en el mantenimiento de la propiedad, pero no en su uso y explotación, quedando estas yermas hasta que las condiciones económicas y sobre todo las demográficos hicieran posible su explotación.



Sin embargo, no debe pensarse que todos los beneficiados de Donados en el repartimiento acabaron por enajenar sus propiedades. En los casos de ventas anteriormente citados, los compradores son generalmente otros beneficiados con donados que, al parecer, si pretenden permanecer en estas tierras, y que inician de esta forma el engrandecimiento de sus patrimonios. Algunos de ellos, además miembros del ejército conquistador, encontraron aquí un lugar apropiado para iniciar una nueva vida y, dadas las condiciones de frontera de la zona, posiblemente seguir ejerciendo su actividad profesional militar.

De estos repartimientos de tierras llevados a cabo en Andalucía surge una nueva estructura de la propiedad, en la que domina de una forma casi total la pequeña y mediana propiedad por lo que se rompe el viejo mito de la creación de latifundios tras la Reconquista, sera después con la acumulación de diferentes propiedades en unas mismas manos cuando se dará este fenómeno.

El reparto de bienes inmuebles fue realizado por una junta de partidores, cuya misión consistía en realizar un inventario de las propiedades disponibles, fijar la extensión de los donados y señalar los términos bienes que deberían corresponder al consejo. 

Tal vez la repoblación andaluza del XIII y en concreto de Carcabuey se podría definir con una sola palabra "Falta de Hombres". Mas aun dada su condición de frontera, amenazada permanentemente por Granadinos y Benimerines desde 1275, la región ejercía un escaso atractivo sobre sus potenciales repobladores. Ello obliga a hablar de subpoblamiento, de un hambre permanente de hombres como rasgo fundamental en la región durante los siglos XIII - XIV.

Lo primero que se hacia en las villas era establecer el Ayuntamiento, donde se establecía el concejo, señalar el ejido, constituyendo el campo a la salida del pueblo donde suelen reunirse los ganados o establecerse las eras. Después se establecía las dehesas del común, se señalaba la adjudicación del mercado, carnicería, tenerías, tejares, hornos de pan y mesón. Es decir todo lo suficiente para la buena marcha de la villa recién repoblada y que necesitaba autoabastecerse dadas las malas comunicaciones que había en aquella época.

Pero lo principal era señalar las tierras y las casas que correspondían al Señorío, por ultimo a los nuevos pobladores, a la iglesia parroquial les adjudico pequeñas parcelas de tierras. 

Recapitulando podemos considerar que desde siempre, o durante largo tiempo muchos han sido los que han creído que nuestras raíces eran Arabes. La realidad es otra bien diferente pues nuestro origen genético principal hemos de buscarlo en las repoblaciones del siglo XIII y años posteriores, y no en los "Moros que durante 800 años ocuparon el solar peninsular y en concreto Karkabul (Carcabuey). Nuestros ascendientes provienen de tierras mas al norte.

Evidentemente en nuestra genealogía puede aparecer un hijo del islam, sin lugar a dudas el mestizaje existió, pero en menor medida de lo que pensamos. Ahora bien la cultura árabe si la asimilaremos notablemente, su urbanismo, las maneras de vivir, etc.

Las repoblaciones llevaron consigo una serie de privilegios, en aras de atraer a los colonos, principalmente la exención de impuestos y el reparto de tierra y hacienda, en cambio presentaba dos problemas importantes, el desarraigo, al tener que abandonar el colono su lugar de origen y el habitar en una tierra de frontera, indómita, en la cual se producían razzias (expedicciones de guerra) por ambos bandos que hacían de la vidas del campesino un continuo sufrimiento.

Los lotes de tierra que a diferencia de las que trabajaban los campesinos eran de propiedad fueron de mediana extensión, sera con posterioridad a estos repartos cuando florezca el latifundio por la adquisición y acumulación de las mismas.

Cinco caballeros habitan Carcabuey, los cuales tomaran las riendas o asumirán los mas altos cargos formando la nobleza local. Fueron varias las repoblaciones existentes en este núcleo, en un primer momento las destinadas a los que de alguna manera participaron en la conquista de la fortaleza de Carcabuey, en segundo lugar la dirigida a ese grupo de colonos enamorados con la idea de poseer tierra en propiedad (que procedían de distintos núcleos peninsulares e incluso extranjeros) aunque en un medio sumamente hostil.

Artículo de José Manuel Molina Carrillo, historiador